domingo, 12 de julio de 2009

7/7/2009 - Santo Domingo-Burgos - "Liebres y tortugas"

Hoy nos hemos levantado muy pronto y para la salida del encierro, nosotros ya estábamos pedaleando rumbo a poniente.
Pronto hemos dejado de lado la nacional 120 y hemos tirado por camino, comprobando que un repecho al 13 por 100 recién desayunado te deja inmediatamente sin aliento y con el corazón saliéndote por las orejas. Así que como no era cuestión de dejar el pellejo por el camino, pie a tierra y a empujar, que no es ninguna deshonra.

En Grañón hemos comprobado la hospitalidad de sus vecinos, que gracias a la estratégica colocación de las flechas amarillas te van llevando por medio del pueblo, cuando podrías simplemente rodearlo por las pistas. Pero, de vez en cuando, pagas la pardillada.

En Redecilla del Camino, tras superar con nota varias subidas y bajadas por todo tipo de pistas, hemos echado un trago de agua y nos hemos salido a la carretera.

No lo he comentado, pero en el desayuno en el Parador Nacional hemos coincidido con una chica "bicigrina" con un gran pundonor, que iba sola, y a la que hemos visto pasarnos en Redecilla.

También en Redecilla hemos visto a un asiático con su mochila y un gorrito verde caqui que cruzaba la carretera para seguir el camino.

A la chica bicigrina la hemos adelantado antes de Villafranca de Montes de Oca y luego hemos estado hablando con ella sobre qué camino a seguir según nuestras ruedas.

Ella, que venía de Londres y su español era tan bueno como nuestro inglés, nos ha comentado que prefería la carretera porque llevaba ruedas finas. Además iba muy cargada.

Volviendo la vista atrás, al mozo asiático lo hemos adelantado llegando a Villafranca. Aquí nos hubiera pasado desapercibido si no fuera porque llevaba una garrafa de agua. Y en ese momento no lo hemos asociado con el de Redecilla.

De Villafranca hemos cogido el camino de la iglesia y hemos subido como cabras montesas, monte arriba empujando las bicicletas.

Aquí el Camino es espectacular: la pista es bastante buena, a pesar de los repechos y serpentea entre monte bajo. Y ves que la altitud crece a buen ritmo hasta que llegas al monumento a los Caídos.

Ahí, el "jaimito" ingeniero de turno te hace bajar hasta las profundidades de un barranco, supongo que para admirar el precioso puente de madera que hay al final. Después, vuelta a subir empujando la bici.

Después, ha comenzado una bajada muy entretenida que nos ha llevado hasta San Juan de Ortega, donde, ¿a que nadie se imagina quién estaba? Pues muy fácil, el asiático de la garrafita.
Hombre, es verdad que a los ojos de los europeos, todos los asiáticos parecen iguales, pero es que el gorrito y la garrafita eran dos detalles difíciles de olvidar.

De San Juan de Ortega hemos cogido la carretera hacia Burgos y gracias al descanso de ayer y a que ahora era cuesta abajo, hemos llegado en un plis plas.

En Burgos hemos localizado la tienda de bicis donde nos esperaba el nuevo sillín de Carlos. Hemos comido y hemos encontrado un hostal a un minuto de distancia.

Después, paseíto por Burgos con sellado de credenciales, fotos a la catedral y larguísimo paseo para localizar un restaurante fuera del círculo catedralicio.

Al final hemos cenado de lujo y tras otro "paseo" ya estamos en la cama.

A ver si mañana disfrutamos del recorrido tanto como hoy.

6/7/2009 - Etapa de descanso - "Un día perdido al final puede ser un día ganado"

Por exigencias de mi cuerpo (léase estómago) decidimos quedarnos un día más en Santo Domingo de la Calzada y así comprobamos que en 20 minutos ya habíamos recorrido todo el pueblo, incluyendo las dos únicas tiendas de bicicletas.
El resto del tiempo lo dedicamos a dormir, ver el Tour (lamentando la mala suerte de Contador) y en otros 20 minutos a comprobar la vida social de Santo Domingo.

5/7/2009 - Logroño-Santo Domingo - "Piedras y viñas"

Hoy hemos salido del hotel para las nueve, esquivando un grupo de jubilados que también se estaban preparando para salir.
Un dato indicativo de cómo nos iba a ir el día ha sido que no he podido desayunar apenas. ¿La cena del sábado demasiado pesada? ¿El aire acondicionado en la habitación? Quién lo sabe.
Los primeros kilómetros han consistido en salir de Logroño. El GPS, cuando "espejito mágico" nos ha puesto en la senda de las fechas amarillas.
A partir de ahí, hemos descubierto el parque de la Grajera, que a mí me ha parecido todo un invento, aunque ha resultado durillo.
Después de eso y por pistas, hemos llegado a Navarrete, donde mi estómago ha empezado a dar la lata.
En Ventosa hemos echado una manzanilla. Imposible comer nada. La sensación era que lo tenía lleno de piedras.
Afortunadamente la carretera a Nájera era cuesta abajo. Y de ahí no hemos animado a llegar a Santo Domingo.
Han sido 20 kilómetros que nos han parecido 200. Repechos al 6 por 100, tráfico y viento, mucho viento.
Y por si eso fuera poco, llegando a Santo Domingo, carretera principal cortada y desvío.
Al final, estábamos tan muertos los dos (y yo tan agobiada que no veía ninguna entrada) que nos hemos cruzado la carretera y nos hemos metido por caminos hasta que hemos conseguido entrar en el casco urbano y a nariz hemos localizado la catedral y el Parador donde hemos decidido alojarnos.
Por supuesto, la siesta ha sido de campeonato. Y aun ahora, yo por lo menos, voy a caer en la cama a gusto.
A ver mañana qué tal se nos da. Y a ver también si damos con el que deja todas las ventanas abiertas y forma semejantes corrientes de aire, que no nos deja avanzar a gusto.

4/7/2009 - Pamplona-Logroño. Entre mariposas y girasoles

Cuando decidimos hacer este año el Camino, el proyecto no pareció lejano. Faltaban muchos meses que íbamos a aprovechar para prepararnos.

Porque lo que no pensábamos hacer es seguir esa máxima que dice: "tengo bici, sé andar, pues la carego y hago el Camino".

Así que durante los últimos meses hemos hecho kilómetros, hemos leído todo lo que ha caído en nuestras manos sobre el Camino (incluyendo una recomendación que no hemos seguido, evidentemente, que se hacía a los peregirnos de antaño de llevar armas de fuego, por su acaso... y es que también pesan).

Lo del peso no es cuestión para dejar de lado. Después de mil pruebas, las alforjas se han quedado en 6,400 kgs. y 6,300 kgs. respectivamente. Evidentemente, hemos eliminado todos los "por si acaso". Y también el jabón de lavar, pero por olvido...

Después de varias semanas de muchos nervios y algún que otro accidente (mi cuentakilómetros fue sometido a un programa completo de lavado y centrifugado) hoy ya estábamos preparados para salir.

Y la verdad es que hemos tenido mucha suerte con el tiempo: nublado y tirando a fresco. Así que on una lentitud propia de otras épocas, hemos ido haciendo kilómetros.

Hasta Ororbia hemos tenido algo de tráfico, el propio de un sábado por la mañana. A partir de ahí, algún que otro tractor: léase vehículo que siempre va a 20 kms./h. Es decir, que te pasa subiendo y le alcanzas bajando. ¿Y qué haces? ¿Frenas? ¿Le adelantas? ¿Le gritas porque has perdido la inercia? Cada cual que elija su respuesta. Lo mejor, echarle paciencia.

En la carretera de Muru Astrain ya hemos empezado a ver los primeros girasoles, un poco cabizbajos a causa del nublado. Y, por supuesto, montones de mariposas que con ese volar errático de vez en cuando te demuestran que pueden ir más rápido que tú... subiendo, claro.

Antes he dicho que nos hemos estado preparando física y mentalmente. Y eso aunque parezca una contradicción no siempre es bueno.

Lo digo porque aquí, la que firma, se ha empeñado en subir el puerto del Perdón a plato mediano "porque yo puedo". ¿Para qué iba a cambiar de plato si me quedaban dos curvas? Eso sí, con alguna rampa del 8, 9 10 y hasta el 13 por 100.

Es que parece que me cobran el plato pequeño.

Y claro, por mucho que yo me empeñe, la bici pesa más con las ruedas mixtas y la pendiente siempre va a ser pendiente, aunque la última vez la hubiera subido a 10 kms./h.

Lo que sí es cierto es que lo que no te dice la cabeza, te lo dice el cuerpo y a veces a gritos: se me ha declarado un dolor de riñones que me ha durado hasta Logroño, aunque afortunadamente con intervalos.

Pero es cierto que en Lorca yo no me veía pasando de Los Arcos, porque después del Perdón y su gloriosa bajada, ha llegado Mañeru al que subes pero no bajas.

De cualquier forma, hemos llegado a Estella y hemos comido en Iratxe, siesta incluida.

Y después, como dos rosas, hemos visto cómo los kilómetros han ido pasando a una velociadad mucho más aceptable. Hasta que hemos divisado Sansol, a lo lejos, en un alto. Y luego un poco más cerca, pero muy poco. Y luego otro poco mínimo. Vamos, que en vez de acercarse, parecía que se lo llevaban.

Pero todo esfuerzo tiene su recompensa. Y la nuestra ha sido una fuente de agua fresca arriba del todo y un rato de conversación con dos bicigrinos de Málaga, que eran encantadores.

Después de Sansol, Torres del Río que queda a nuestra izquierda, y, por fin, los barrancos de camino a Viana, carretera motera por excelencia, pero que en bici se ha hecho un poco durilla. Pero nosotros podíamos... Faltaba más.

La llegada a Logroño ha sido compleja. Pensábamos que entraríamos por el Polígono Industrial Las Cañas, donde sabiamos que había un hotel, pero hemos entrado por la autovía que da al Polígono Cantabria, donde hay otro hotel. Pues bien, entramos, lleno. Pues bueno, nos vamos. ¿Qué son dos o tres kilómetros más después de 94? Una miseria. Suerte que en este otro ya sabíamos que tendríamos habitación.

Balance del día: temperatura excelente para rodar. No nos ha faltado el agua. No nos hemos quemado, ni caído, ni nos ha picado ningún bicho. Y hemos llegado a Logroño. ¿Qué más se puede pedir? Que mañana sea parecido.

lunes, 11 de mayo de 2009

3/5/2009 - Burguete - Pamplona

El domingo por la mañana nos levantamos temprano. Desayunamos un colacao con barritas que nos habían sobrado y para las 8 de la mañana ya estábamos saliendo del hotel. Cargamos las bicis y con el fresco de la mañana comenzamos a pedalear. Espinal es el siguiente pueblo al que se llega sin casi enterarte. Pero ahí nos esperaba una desagradable sorpresa. Un grupo de jóvenes, totalmente borrachos, estaban en medio de la calle toreando a cuantos coches, peatones y, en este caso, ciclistas pasaran por el pueblo. Marian pasó sin problemas, pero a mí un &%$%&/ borracho me tocó y, como iba con pedales automáticos, no me dio tiempo a soltarme y me fui al suelo. Al caerme me di perfecta cuenta de que pegaba con la cabeza en el suelo. Gracias a que llevaba casco, que si no... Hay que ser maleducado y sinvergüenza, porque el que me empujó además se encaró conmigo. Cogí el móvil para llamar a la Guardia Civil, dispuesto a interponer una denuncia contra el tipejo. Un grupo de peregrinos que pasaba por allí nos decía que nosotros vamos a otro rollo, vámonos de aquí. Al final cogí la bici y salimos del pueblo. El recuerdo de esa caída fue un moratón en el muslo y otro en el codo. Subimos Mezquíriz y bajamos hasta Erro. A la entrada hay un bar en el que muchas veces hemos parado con las motos. Nos paramos a desayunar, Al bajar de la bici tengo la sensación en el gemelo de lo que se llama el "síndrome de la pedrada" (rotura de fibras). Curiosamente no he tenido problemas a la hora de pedalear, pero casi no puedo andar. Desayunamos con tranquilidad y retomamos la subida a Erro, que la hacemos por carretera para tratar de llegar rápido a Pamplona.

Comenzamos la subida a Erro con el bicigrino alemán que habíamos conocido en Burguete, pero él lleva un ritmo más tranquilo y lo perdemos de vista. La subida a Erro por este lado es bastante más cómoda que desde Zubiri. Enseguida llegamos al alto y bajamos rápido a Zubiri. Desde Zubiri a Pamplona no tiene mayor secretos, pues es una zona por donde pedaleamos con mucha frecuencia.

Cruzamos Huarte, Villava (pasamos por delante de la casa natal de Miguel Indurain) y Burlada. Entramos en Pamplona por el puente de la Magdalena y por el Portal de Zumalacárregui, por una fuerte pendiente adoquinada. El Camino por aquí no tiene secretos para nosotros. Enfilamos la calle Mayor y decidimos ir a sellar la credencial en la Iglesia de San Saturnino (algún día habrá que hablar de los misterios que encierra esta iglesia, como el caballero templario que está esculpido en bajo relieve y que muy poca gente conoce o un Virrey de Navarra que se encuentra enterrado). Casi como de casa entro a la sacristía. Una monja me pregunta qué quiero y llama al párroco. Don Francisco y yo somos viejos conocidos, aunque "disfrazado" de bicigrino al principio no me reconoce.

Con el trámite cumplido, nos vamos para casa. Antes de llegar aún nos queda un trámite más: sellar en nuestra parroquia. Lógicamente, al no encontrarse en el Camino de Santiago, al capuchino que se encontraba en la puerta le resultó extraño que le pidiéramos un sello para nuestra credencial. Muy amable, nos lo puso y nos pidió que antes de salir nos pasáramos por la parroquia para que se acordara de nosotros mientras hacíamos el Camino. Y nosotros también nos acordaremos de ellos.

Esta ha sido la etapa previa de nuestro Camino. Pensábamos que íbamos a sufrir más, pero está claro que el entrenamiento que llevamos va dando sus frutos. El 4 de julio está más cerca de lo que pensamos. Lo único que nos preocupa un poco es el calor. Pero todo se supera. Antes de arrancar el Camino a mí me queda un reto: terminar la Treparriscos. Será el 20 de junio en Sabiñánigo y va a ser mi debut en una marcha cicloturista.

jueves, 7 de mayo de 2009

2/5/2009 - Saint Jean Pied de Port - Burguete

El sábado amanecemos temprano (para las 7 de la mañana), nos duchamos, preparamos las cosas, desayunamos (unas baritas de cereales y un colacao que trajimos de casa) y bajamos a cargar las bicis. Al arrancar me doy cuenta de que debo bajar la altura del sillín (he cambiado de zapatillas y ahora llevo el sillín demasiado alto). Para las 8,30 estamos en la carretera. Teníamos decidido que íbamos a hacer esta etapa por carretera, así que enfilamos la ruta que tantas veces hemos pasado en moto, aunque ahora a una velocidad sensiblemente inferior. El día ha amanecido fresco y muy nublado. Se ven las nubes agarradas al cresterío de los Pirineos. ¡Hemos pasado tantas veces el Puerto de Ibañeta con niebla...! Parece que hoy va a ser una vez más. Sin darnos casi cuenta llegamos a Arneguy, donde comienzan las primeras rampas del puerto. En dos paelleras el desnivel marca un 11 por 100. Poco a poco ganamos desnivel hasta llegar a Valcarlos. La rampa del medio del pueblo la pasamos sin enterarnos. Según vamos pasando por el pueblo miramos si encontramos alguna cafetería abierta. Al salir del pueblo vemos una venta y entramos. Están cerrados, pero más abajo tenemos una cafetería al lado del estanco. Volvemos sobre nuestros pasos y la encontramos. Desayunamos con tranquilidad. Tenemos todo el día por delante.


Después de haber repuesto fuerzas, reemprendemos la ascensión. Salvo algún descansillo, la carretera asciende de forma constante entre un 5 y un 8 por 100, con una rampa del 12 por 100. Sin darnos casi cuenta nos encontramos con dos terceras partes de la ascensión realizada. Los últimos kilómetros los hacemos dentro de la espesa niebla que rodea la parte alta del puerto.


Mirando el altímetro, vas pensando que el alto tiene que estar cerca. De pronto aparece el cartel del Alto de Ibañeta. Nos ha costado mucho menos de lo que esperábamos. Es una pena porque dado el frío y la humedad y que nosotros estamos sudados casi no podemos disfrutar de la cima. Hacemos unas cuantas fotos y comenzamos el corto descenso hacia Roncesvalles.

En Roncesvalles paramos para sellar la credencial. La oficina está cerrada, pero el responsable llega enseguida. Nos pregunta si hemos visto muchos peregrinos en la carretera. En bici hemos visto un chico y una chica (aparte de nosotros) y andando media docena. Nos comenta que le han dicho que en Saint Jean Pied de Port ayer habían alrededor de 300 peregrinos. Tenemos ganas de ponernos ropa seca. Así que, sorteando los cientos de turistas que pasean por Roncesvalles, descendemos hacia Burguete.

Para las 12,30 estamos en Burguete. En el Hotel Loizu nos dan una habitación abuhardillada en el último piso del edificio y nos guardan las bicis en una bajera. Comemos con ganas en el mismo hotel (una vez duchados y con ropa seca) y practicamos el deporte nacional español: la SIESTA. Nos la hemos ganado.

A las 5 de la tarde, con las fuerzas renovadas, volvemos a Roncesvalles para la misa del peregrino. Vemos el ambiente que hay y tomamos una cerveza en Casa Sabina (un famoso hotel-restaurante) donde tantas veces nos han traído nuestros padres a comer cuando éramos pequeños). Entramos en la Colegiata y oímos la Misa del Peregrino. Nombran las nacionalidades desde donde vienen los peregrinos ese día (prácticamente de todo el mundo) y las Comunidades Autónomas de España. Curiosamente no había ningún peregrino de Navarra (¿será que no estábamos allí?). Cuando el cura dice que los peregrinos nos acerquemos para la bendición, recibo más de un empujón. Da la impresión de que la bendición no va a llegar a la tercera fila de peregrinos.

Cumplido el ritual, nos volvemos a Burguete. Al llegar al hotel, nos volvemos a tomar una cervecita. Mientras estábamos de charla, aparece un bicigrino alemán en busca de alojamiento que llevaba 2.486 kilómetros desde su casa (vaya fiera). Nos enseñó con orgullo el cuentakilómetros. Fue una pena porque sólo hablaba alemán.

Nos quedamos a cenar en el hotel ´(¡qué cocina!) y nos vamos a dormir a horario francés. Ha sido un día fantástico. En este hotel mis abuelos paternos pasaron su noche de bodas. El destino nos persigue.

¡Buen camino!

martes, 5 de mayo de 2009

1/5/2009 - Pamplona-Saint Jean Pied de Port

El momento ya ha llegado: es 1 de mayo y, tal y como estaba previso, nos vamos a Saint Jean Pied de Port. A las 11 de la mañana, con el coche cargado con las bicis y las alforjas, vamos a buscar a mis padres. ¡Nos vamos! Evitamos ir por Erro y Mezquiriz porque mi madre se marea,´así que vamos por Aoiz y por el precioso valle del Urrobi. Esta carretera merece una visita en bici. Pasamos Roncesvalles y llegamos al Puerto de Ibañeta. En el alto están bien enganchadas las nubes (como es habitual). Comenzamos a bajar y a medio puerto vemos cómo una bicigrina va andando, empujando la bici. ¡Ojalá llegue arriba bien! Esa imagen nos da para pensar qué tal se nos va a dar a nosotros el puerto. Hemos decidido que vamos a hacer este tramo íntegramente por la carretera. Llegamos a la Navarra de Ultrapuertos. Saint Jean Pied de Port nos recibe nublado y frío. Hay muchísimos peregrinos por todas partes. Descargamos las bicis y nos vamos al hotel Ramuntcho donde vamos a pasar la noche. Nos dan la llave y guardamos las bicis en el garaje.



Buscamos un sitio para comer todos juntos. Tras la comida, vamos a la oficina del Peregrino y ponemos el primer sello a nuestras credenciales. Rubén consigue que le pongan un sello en la mano.


Subimos hasta la Ciudadela de Vauban, desde donde hay unas estupendas vistas del pueblo y de los montes... cuando no hay nieblas. Mis padres y Rubén se vuelven en el coche a Pamplona y, por fin, nos quedamos solos. No hace un tiempo como para estar paseando, así que descansamos un poco en el hotel y a horario francés nos vamos a cenar. Así que, como hay que estar descansados, pronto a la cama.

Mañana comenzamos a pedalear. ¡Buen camino!