Por exigencias de mi cuerpo (léase estómago) decidimos quedarnos un día más en Santo Domingo de la Calzada y así comprobamos que en 20 minutos ya habíamos recorrido todo el pueblo, incluyendo las dos únicas tiendas de bicicletas.
El resto del tiempo lo dedicamos a dormir, ver el Tour (lamentando la mala suerte de Contador) y en otros 20 minutos a comprobar la vida social de Santo Domingo.
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