domingo, 12 de julio de 2009

4/7/2009 - Pamplona-Logroño. Entre mariposas y girasoles

Cuando decidimos hacer este año el Camino, el proyecto no pareció lejano. Faltaban muchos meses que íbamos a aprovechar para prepararnos.

Porque lo que no pensábamos hacer es seguir esa máxima que dice: "tengo bici, sé andar, pues la carego y hago el Camino".

Así que durante los últimos meses hemos hecho kilómetros, hemos leído todo lo que ha caído en nuestras manos sobre el Camino (incluyendo una recomendación que no hemos seguido, evidentemente, que se hacía a los peregirnos de antaño de llevar armas de fuego, por su acaso... y es que también pesan).

Lo del peso no es cuestión para dejar de lado. Después de mil pruebas, las alforjas se han quedado en 6,400 kgs. y 6,300 kgs. respectivamente. Evidentemente, hemos eliminado todos los "por si acaso". Y también el jabón de lavar, pero por olvido...

Después de varias semanas de muchos nervios y algún que otro accidente (mi cuentakilómetros fue sometido a un programa completo de lavado y centrifugado) hoy ya estábamos preparados para salir.

Y la verdad es que hemos tenido mucha suerte con el tiempo: nublado y tirando a fresco. Así que on una lentitud propia de otras épocas, hemos ido haciendo kilómetros.

Hasta Ororbia hemos tenido algo de tráfico, el propio de un sábado por la mañana. A partir de ahí, algún que otro tractor: léase vehículo que siempre va a 20 kms./h. Es decir, que te pasa subiendo y le alcanzas bajando. ¿Y qué haces? ¿Frenas? ¿Le adelantas? ¿Le gritas porque has perdido la inercia? Cada cual que elija su respuesta. Lo mejor, echarle paciencia.

En la carretera de Muru Astrain ya hemos empezado a ver los primeros girasoles, un poco cabizbajos a causa del nublado. Y, por supuesto, montones de mariposas que con ese volar errático de vez en cuando te demuestran que pueden ir más rápido que tú... subiendo, claro.

Antes he dicho que nos hemos estado preparando física y mentalmente. Y eso aunque parezca una contradicción no siempre es bueno.

Lo digo porque aquí, la que firma, se ha empeñado en subir el puerto del Perdón a plato mediano "porque yo puedo". ¿Para qué iba a cambiar de plato si me quedaban dos curvas? Eso sí, con alguna rampa del 8, 9 10 y hasta el 13 por 100.

Es que parece que me cobran el plato pequeño.

Y claro, por mucho que yo me empeñe, la bici pesa más con las ruedas mixtas y la pendiente siempre va a ser pendiente, aunque la última vez la hubiera subido a 10 kms./h.

Lo que sí es cierto es que lo que no te dice la cabeza, te lo dice el cuerpo y a veces a gritos: se me ha declarado un dolor de riñones que me ha durado hasta Logroño, aunque afortunadamente con intervalos.

Pero es cierto que en Lorca yo no me veía pasando de Los Arcos, porque después del Perdón y su gloriosa bajada, ha llegado Mañeru al que subes pero no bajas.

De cualquier forma, hemos llegado a Estella y hemos comido en Iratxe, siesta incluida.

Y después, como dos rosas, hemos visto cómo los kilómetros han ido pasando a una velociadad mucho más aceptable. Hasta que hemos divisado Sansol, a lo lejos, en un alto. Y luego un poco más cerca, pero muy poco. Y luego otro poco mínimo. Vamos, que en vez de acercarse, parecía que se lo llevaban.

Pero todo esfuerzo tiene su recompensa. Y la nuestra ha sido una fuente de agua fresca arriba del todo y un rato de conversación con dos bicigrinos de Málaga, que eran encantadores.

Después de Sansol, Torres del Río que queda a nuestra izquierda, y, por fin, los barrancos de camino a Viana, carretera motera por excelencia, pero que en bici se ha hecho un poco durilla. Pero nosotros podíamos... Faltaba más.

La llegada a Logroño ha sido compleja. Pensábamos que entraríamos por el Polígono Industrial Las Cañas, donde sabiamos que había un hotel, pero hemos entrado por la autovía que da al Polígono Cantabria, donde hay otro hotel. Pues bien, entramos, lleno. Pues bueno, nos vamos. ¿Qué son dos o tres kilómetros más después de 94? Una miseria. Suerte que en este otro ya sabíamos que tendríamos habitación.

Balance del día: temperatura excelente para rodar. No nos ha faltado el agua. No nos hemos quemado, ni caído, ni nos ha picado ningún bicho. Y hemos llegado a Logroño. ¿Qué más se puede pedir? Que mañana sea parecido.

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