jueves, 7 de mayo de 2009

2/5/2009 - Saint Jean Pied de Port - Burguete

El sábado amanecemos temprano (para las 7 de la mañana), nos duchamos, preparamos las cosas, desayunamos (unas baritas de cereales y un colacao que trajimos de casa) y bajamos a cargar las bicis. Al arrancar me doy cuenta de que debo bajar la altura del sillín (he cambiado de zapatillas y ahora llevo el sillín demasiado alto). Para las 8,30 estamos en la carretera. Teníamos decidido que íbamos a hacer esta etapa por carretera, así que enfilamos la ruta que tantas veces hemos pasado en moto, aunque ahora a una velocidad sensiblemente inferior. El día ha amanecido fresco y muy nublado. Se ven las nubes agarradas al cresterío de los Pirineos. ¡Hemos pasado tantas veces el Puerto de Ibañeta con niebla...! Parece que hoy va a ser una vez más. Sin darnos casi cuenta llegamos a Arneguy, donde comienzan las primeras rampas del puerto. En dos paelleras el desnivel marca un 11 por 100. Poco a poco ganamos desnivel hasta llegar a Valcarlos. La rampa del medio del pueblo la pasamos sin enterarnos. Según vamos pasando por el pueblo miramos si encontramos alguna cafetería abierta. Al salir del pueblo vemos una venta y entramos. Están cerrados, pero más abajo tenemos una cafetería al lado del estanco. Volvemos sobre nuestros pasos y la encontramos. Desayunamos con tranquilidad. Tenemos todo el día por delante.


Después de haber repuesto fuerzas, reemprendemos la ascensión. Salvo algún descansillo, la carretera asciende de forma constante entre un 5 y un 8 por 100, con una rampa del 12 por 100. Sin darnos casi cuenta nos encontramos con dos terceras partes de la ascensión realizada. Los últimos kilómetros los hacemos dentro de la espesa niebla que rodea la parte alta del puerto.


Mirando el altímetro, vas pensando que el alto tiene que estar cerca. De pronto aparece el cartel del Alto de Ibañeta. Nos ha costado mucho menos de lo que esperábamos. Es una pena porque dado el frío y la humedad y que nosotros estamos sudados casi no podemos disfrutar de la cima. Hacemos unas cuantas fotos y comenzamos el corto descenso hacia Roncesvalles.

En Roncesvalles paramos para sellar la credencial. La oficina está cerrada, pero el responsable llega enseguida. Nos pregunta si hemos visto muchos peregrinos en la carretera. En bici hemos visto un chico y una chica (aparte de nosotros) y andando media docena. Nos comenta que le han dicho que en Saint Jean Pied de Port ayer habían alrededor de 300 peregrinos. Tenemos ganas de ponernos ropa seca. Así que, sorteando los cientos de turistas que pasean por Roncesvalles, descendemos hacia Burguete.

Para las 12,30 estamos en Burguete. En el Hotel Loizu nos dan una habitación abuhardillada en el último piso del edificio y nos guardan las bicis en una bajera. Comemos con ganas en el mismo hotel (una vez duchados y con ropa seca) y practicamos el deporte nacional español: la SIESTA. Nos la hemos ganado.

A las 5 de la tarde, con las fuerzas renovadas, volvemos a Roncesvalles para la misa del peregrino. Vemos el ambiente que hay y tomamos una cerveza en Casa Sabina (un famoso hotel-restaurante) donde tantas veces nos han traído nuestros padres a comer cuando éramos pequeños). Entramos en la Colegiata y oímos la Misa del Peregrino. Nombran las nacionalidades desde donde vienen los peregrinos ese día (prácticamente de todo el mundo) y las Comunidades Autónomas de España. Curiosamente no había ningún peregrino de Navarra (¿será que no estábamos allí?). Cuando el cura dice que los peregrinos nos acerquemos para la bendición, recibo más de un empujón. Da la impresión de que la bendición no va a llegar a la tercera fila de peregrinos.

Cumplido el ritual, nos volvemos a Burguete. Al llegar al hotel, nos volvemos a tomar una cervecita. Mientras estábamos de charla, aparece un bicigrino alemán en busca de alojamiento que llevaba 2.486 kilómetros desde su casa (vaya fiera). Nos enseñó con orgullo el cuentakilómetros. Fue una pena porque sólo hablaba alemán.

Nos quedamos a cenar en el hotel ´(¡qué cocina!) y nos vamos a dormir a horario francés. Ha sido un día fantástico. En este hotel mis abuelos paternos pasaron su noche de bodas. El destino nos persigue.

¡Buen camino!

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